No te enojes, por favor, mejor dame muchos besos. También te he extrañado, amor, no te imaginas cuánto. Todo ha ido bastante bien, aunque ya sabes, siempre hay mucho por hacer. El estrés ya no puede detenerme, créeme, pero tampoco puedo negarme a algo que tú propongas. ¡Oye! Fingiré que eso no me dolió. Ya sé, mi madre siempre te ha adorado. Incluso antes de que anduvieras conmigo. ¿Puedes creer que ella fue la que me convenció de pedirte matrimonio?