SoyWesleyHarrington
Wes caminaba por el pasillo principal como si fuera el dueño del lugar, rodeado por un par de compañeros del equipo que reían ruidosamente de alguna broma estúpida de Jason, al igual que él. Llevaba la chaqueta de los Tigres sobre los hombros y esa sonrisa despreocupada que parecía abrirle todas las puertas. Sin embargo, al girar en la esquina, casi choca con alguien que intentaba abrir su casillero entre la multitud. Sus reflejos actuaron rápido, esquivando el impacto y deteniéndose en seco. Cuando bajó la vista y reconoció la cabellera pelirroja y la organización inmaculada de los libros que la chica sostenía contra el pecho, la risa se le murió en la garganta.
Era Lottie.
Llevaba días, tal vez semanas, sin hablarle de verdad. No era algo planeado, o al menos eso se decía él mismo. Eran los entrenamientos, las fiestas, la presión de mantener el estatus... simplemente había dejado de mirar hacia el lado de "los raros" en la cafetería. Pero verla ahí, tan cerca, le dio un golpe de realidad que no esperaba. Cuando se detuvo, hizo que el grupo detrás de él tuviera que frenar de golpe y el mismo se quedó detrás suya en esos segundos en los que se había quedado pensando, por lo que les hizo un gesto vago con la mano para que sus compañeros siguieran sin él.
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Se pasó una mano por el cabello, frustrado, sintiendo cómo la sangre le hervía. La mención de "tratarnos como desconocidos" le hizo soltar una risa amarga. —Oh, ¿Desconocidos? Wow, Henderson. Tienes mucha audacia para hablar de abandono. —Su expresión se volvió sombría, el dolor brillando a través de la ira—. Dime algo, Christine: ¿Dónde estaban ustedes hace dos semanas? —Su voz se quebró ligeramente, perdiendo la dureza por un segundo antes de recuperarla con rabia—. Mi primer partido como titular. El momento más importante de mi año. Busqué en las gradas. Busqué tu cara, busqué a Dustin, a Mike. ¿Y sabes qué vi? Nada. Asientos vacíos. —La acusación quedó flotando en el aire, pesada y dolorosa—. Así que no me vengas con sermones de lealtad. Ustedes me sacaron de su vida en el momento en que me puse esta chaqueta, no al revés.
Wes soltó el aire por la nariz, sintiendo que había dicho demasiado, pero incapaz de detener la inercia de su propia defensa. Bajó la vista hacia los papeles que ella sostenía con tanto recelo. —Y te recuerdo algo: —señaló los folletos en sus manos con un gesto rápido y seco de barbilla, su tono volviéndose más afilado, casi desafiante—. Si realmente quieres entrar al escuadrón de Chrissy y ser popular, vas a tener que acostumbrarte a estar rodeada de "idiotas" y "zombies" como yo todo el tiempo. Así que piénsalo bien. Como sea, no te molesto más. Suerte con los pompones. —dijo con un tono cortante. Giró sobre sus talones con brusquedad, dispuesto a irse y dejar esa conversación tóxica atrás. Sin embargo, sus pies se quedaron plantados en el suelo un segundo más de lo necesario, su espalda tensa, esperando estúpidamente que ella dijera algo más, aunque fuera otro insulto, algo que le diera una excusa para girarse y no dejar las cosas así.
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Balas
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La palabra "idiota" saliendo de los labios de Christine Henderson tuvo más impacto que cualquier golpe que hubiera recibido en toda su vida. No porque la palabra fuera grave, sino porque venía de ella. De Lottie, la chica que le ponía brillantina a sus cuadernos y que probablemente pedía perdón a los muebles si se tropezaba con ellos. Que ella, precisamente ella, lo insultara con esa frialdad le revolvió el estómago. Su mandíbula se apretó tanto que dolió, y esa máscara de indiferencia que intentaba sostener se resquebrajó, transformando su culpa inicial en una llamarada defensiva instantánea. Su orgullo, ya magullado, levantó muros de hormigón reforzado. Se sintió acorralado, juzgado injustamente por la única persona cuya opinión, muy en el fondo, le importaba más que la de cualquier otra persona.
—¿Un idiota? Vaya... mira nada más. La dulce Christine Henderson finalmente aprendió a insultar. Supongo que pasar tanto tiempo en el sótano con Eddie Munson te está enseñando vocabulario nuevo, ¿no? —replicó Wes con veneno en la voz, dando un paso adelante, invadiendo su espacio personal no para intimidar, sino porque la indignación lo empujaba. —Y, de todos modos ¿Qué esperas que haga, Lottie? ¿Que me suba a la mesa y aplauda? Eddie Munson se la pasa gritando como un desquiciado en la cafetería sobre demonios y sacrificios, asustando a la mitad de la escuela. —Su voz bajó a un susurro furioso, sus ojos brillando con resentimiento—. Lamento ser yo el que te lo diga, pero ese chico es un lunático y ustedes unos estúpidos que lo siguen como si fuera un mesías. Si me quedo callado cuando se burlan, es porque intentar defender lo indefendible es... agotador. Además, es tu preciado club el que pide atención a gritos. Son unos frikis, Lottie. Lo son.
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Wow… —dio un paso hacia atrás, dándole el espacio que ella tan agresivamente había reclamado, pero su mirada se endureció un poco. Le dolía que lo tratara así, le dolía ver que tenía razón sobre su distanciamiento, pero su orgullo no le iba a permitir admitirlo ahí, en medio del pasillo. —No sabía que en el Hellfire Club enseñaban a morder tan fuerte. —soltó una risa corta y seca, para nada graciosa y casi que irónica. Sus ojos se entrecerraron ligeramente, escrutando esa nueva faceta hostil de la pelirroja. —¿Y clases que reprobar? Golpe bajo. Para tu información, estoy pasando mis materias. Apenas, pero las paso. —bufó, desviando la mirada por un segundo antes de volver a clavar sus ojos en los de ella, esta vez con un brillo de reproche. —Solo intentaba ser amable, Lottie. Te vi, pensé en saludar, tal vez ver cómo estabas porque, sí, ha pasado tiempo. No sabía que necesitaba una invitación por escrito para hablar con mi... con alguien que conozco desde los doce años.—su ceño se frunció más de lo que quería y su mandíbula se tensó casi que al mismo tiempo—. ¿Qué te pasa? Actúas como si fuera el enemigo o algo así. Solo pregunté por las porristas, no te insulté.
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