/ Y no había sido la única, la mirada de aquel también se clavó en ambas manos, haciéndose extrañamente eterno y nostalgico aquel encuentro para él. Sus párpados se entreabrieron ante tal reacción con sorpresa, pero decidió no darle vuelta. Su mano lentamente descendió.
Ah, es muy lindo escuchar eso. Te lo agradezco, aunque el tuyo no se queda atrás... Jamás lo escuché, pero es muy lindo. / Halagado, devolvió el gesto. Sus brazos se cruzaron, tratando de ocultar el pequeño temblor en éstos. Sus mejillas permanecieron rojizas.
Soy danés, pero tengo sangre americana. ¿Tú de dónde provienes?