SoyTheodorelNott

La pregunta tomó a Theodore completamente por sorpresa. Durante un segundo, la amenaza que aún latía en su voz se evaporó, dejando en su lugar un gesto confundido. —¿Qué...? —bajó la mirada al mechón de cabello donde Luna sostenía la diminuta hoja dorada—. Ah... eso. Ni idea.— Ella la sostuvo entre los dedos con delicadeza, como si tuviera entre manos un tesoro.
          
          —Aparecen en otoño, cuando los escarbatos están especialmente inquietos —comentó con serenidad, como si no acabara de ser acosada hace un instante—. Siempre he querido ver uno dormir.
          
          Theodore carraspeó, incómodo. No tenía idea de lo que era un "Sueño de escarbato". —Slughorn —le recordó, más para sí mismo que para ella. Luna alzó la vista, ladeando la cabeza una vez más, con esa expresión ausente que parecía atravesarlo en vez de mirarlo. —¿Slughorn? Oh… —parpadeó lentamente—. No recuerdo que me haya citado.
          
          —Pues lo hizo —mintió Theo sin pestañear, ofreciéndole una media sonrisa torcida. Ni él mismo encontraba una explicación razonable dentro de su cabeza para entender por qué seguía con la mentira—. Así que… muévete, Lovegood. Ella no pareció ofenderse por el tono. Guardó la hoja en el bolsillo interior de su túnica y comenzó a seguirlo como si la idea hubiese nacido de ella misma.

SoyTheodorelNott

—Lovegood.— La voz de Theodore salió más brusca de lo que pretendía, pero había estado más tiempo de lo que le hubiera gustado pendiente de la pequeña rubia frente a él. Un grupo de imbéciles que parecían tener el cerebro del porte de un caramelo nauseabundo llevaban al menos cinco minutos molestando a la chica, y él, -como el caballero que se consideraba-, se vió obligado a interferir luego de darse cuenta de que ella no iba a defenderse de los insultos. — Vamos tarde. Slughorn nos espera, ¿recuerdas? — no estaba seguro de si Luna Lovegood era capaz de seguir una mentira con tanta rapidez como él, pero valía la pena intentarlo. Sus ojos se desviaron a los imbéciles de Ravenclaw y los miró como si no fueran más que basura. —Piérdanse. O les arrancaré la lengua con mis propias manos.