Lyra Kovács creció a la sombra de un apellido que imponía silencio antes que respeto. Hermana menor de István, entendió desde muy temprano que en su familia el poder no se heredaba: se sobrevivía. Mientras él creía en el terror inmediato y Madeleine en la crueldad calculada, Lyra aprendió a moverse en los espacios grises, donde nada parece suceder y, sin embargo, todo se decide.
No es la más brutal ni la más visible de los Kovács. Su peligro radica en otra parte. Lyra observa, escucha y recuerda. Sabe cómo funcionan las redes que sostienen el imperio familiar porque las ha visto desde dentro: nombres que cambian, personas que desaparecen de los registros, favores que se cobran años después. A diferencia de István, no necesita alzar la voz; le basta con una frase bien colocada o una verdad dicha a medias para desatar consecuencias irreversibles.
Tiene una calma inquietante, casi elegante, que contrasta con la brutalidad que la rodea. No disfruta del sufrimiento ajeno como Madeleine, pero tampoco lo evita si es necesario. Para Lyra, el dolor es una herramienta, no un fin. Su inteligencia es fría, estratégica, y su mayor fortaleza es saber cuándo no actuar.
Dentro de los Kovács, Lyra es la grieta silenciosa: la que podría consolidar el legado familiar con precisión quirúrgica… o ser la única capaz de desmantelarlo desde adentro. Nadie está del todo seguro de de qué lado se inclina, y ese es, quizá, su mayor poder.