Oh, para. — Trató de tranquilizar, tocando su pecho como reflejo. — Esto es perfecto, Maddox. Por Merlín, de verdad me has dejado sin palabras. Yo... Nunca pensé que te hiciera sentir de esta manera, que me vieras como alguien que mereciera esto. — Confesó. Y no pudo evitarlo, porque en el pasado se había ilusionado tanto por este tipo de cosas que nunca pasaban. Pero con él todo era diferente. Su cercanía la estaba quemando por dentro. No podía dejar de morder su labio, el nerviosismo la carcomía. Sus respiraciones mezcladas eran causantes de mil posibilidades que su mente no creía, pero que su corazón no paraba de querer cumplir. Y aunque no quisiera dejarse en evidencia, sus ojos no podían evitar observar aquellos labios que fueron dueños de muchos de sus pensamientos. Era todo él, simplemente él. Tan especial sin siquiera esforzarse. — Me da un poco de vergüenza admitirlo, pero siempre quise que esto pasara. Y vaya, hace un tiempo ni siquiera esperé que fueras a notarme. Es que eres tan... Wow. Y yo soy tan ingenua, tonta y dejo que tantas cosas me afecten. Pensé que serías de esos que se burlaría de mi comportamiento y mis gustos, pero definitivamente no lo eres. Y eso me está matando porque... — El nerviosismo la carcomía, pero no se dejó llevar por las emociones. Quería decírselo todo. No importaba si se veía ridícula, necesitaba que lo supiera. — No dejo de pensar en tí. No me siento del todo feliz si no estoy contigo, y tengo miedo por eso. Porque no quiero ilusionarme. No quiero pensar en cosas que quizá no existan entre nosotros, porque ya lo he pasado. Y es horrible. No quiero arruinarlo... — Su rostro se hundió en su pecho, como lo había hecho un montón de veces. Pero está situación era distinta, el miedo de arruinarlo la consumía por dentro.