SoyAerionTargaryen

No hay poder en el Este ni en el Oeste que se compare con el fuego que arde en mis entrañas, padre. A mí lo que me da vergüenza es tratar a seres inferiores como iguales solo por sus especias y sus sedas, o lo que sea que les dé un nombre más allá del Mar Angosto ¿Qué hacen aquí, siquiera? Sato, la Emperatriz… mhm, son solo sombras que pasan, figuras insignificantes en territorio del dragón. No me fio de su presencia, y si no fueras tan devoto de tus estúpidas formas, tú tampoco lo harías. Incluso ahora se te escapa que no hay nada más letal que un dios jugando a ser mortal, como me pides. Te concederé tu teatro, padre. Disfrutemos del banquete mientras el aire todavía sea respirable.. pero ambos, si no todos, sabemos que el silencio de un dragón es siempre un mal augurio. Ah, y que avisen a los cocineros, les llevaré la lengua de Vaelen para el estofado. Sus putos berreos son un ruido innecesario aquí y estoy deseando extirparlo de raíz. Ya es hora de que sirva para algo.

SoyVaelenTargaryen

Ah... así que ahora es por la audiencia. Te preocupa que los extranjeros vean las grietas en tu preciada estirpe. Te preocupa que Sato vea que el gran Maekar no puede controlar a su propio hijo, o que la Emperatriz note que esta familia es un nido de víboras envueltas en seda. Me amenazas con borrarme la sonrisa, padre. Qué recurso tan... primitivo. Es tu respuesta para todo lo que no puedes comprender o someter. Pero te diré una verdad que tu honor no te permite ver: si los extranjeros nos miran con desprecio, no es por mis comentarios ingeniosos. Es porque ven a un rey que no es rey, a un heredero que es una sombra, y a una princesa que ladra porque no sabe volar. Si quieres que guarde silencio frente a la Emperatriz, no me lo pidas como un carnicero que amenaza a su res. Pídemelo como un hombre que entiende que yo soy el único aquí que sabe jugar al nivel de ellos. Sato no respetará tu fuerza rústica, padre; respetará mi precisión. Aerea es una vergüenza estética para esta corte; yo soy el único que mantiene el estándar que los extranjeros esperan de un Targaryen. Me quedaré callado si eso ayuda a tu pequeña farsa diplomática. Pero no lo haré por obediencia. Lo haré porque me divierte ver cómo te esfuerzas por mantener en pie un castillo de naipes que ya se está cayendo. Solo un consejo: si vas a golpearme, asegúrate de ser rápido. Porque si fallas... la sonrisa será lo último que te preocupe cuando te des cuenta de que ya no tienes a nadie que pueda mirar a esos extranjeros a los ojos sin parpadear.

SoyKenjiLo

No vine para ganarme el odio de ustedes, quiero conocer cada rincon de este lugar. De los dos de mis hermanos, yo soy el que mas compascion tiene. Este lugar es precioso, no quiero que me vean como un enemigo en particular

SoyKenjiLo

            Kenji escuchó cada palabra sin interrumpir. No apartó la mirada. No frunció el ceño. No respondió con orgullo herido.
            
            Cuando el silencio cayó, habló con una calma que no era debilidad… era convicción.—No confundo su hospitalidad con debilidad —dijo con suavidad—. Y tampoco confundo su dureza con maldad.—Sus manos permanecieron relajadas frente a él, postura abierta, sin desafío.
            
            —Sé que aquí el acero habla más fuerte que las intenciones. Pero el acero también se forja con fuego… y no todo fuego destruye. Algunos purifican. —Respiró hondo. —No vine a imponer compasión como si fuera una ofensa. Vine porque creo que incluso en Poniente… incluso en esta mesa donde el odio se sirve caliente… aún queda algo que merece ser salvado.
            
            Su mirada se suavizó apenas al mencionar a los hijos. —Si sus hijos han caído… no los señalaré. Si están perdidos… los ayudaré a encontrarse. No por estrategia. No por política. Sino porque nadie deja de ser humano por cometer errores.—Dio un paso al frente, sin invadir, pero sin retroceder.
            
            —No lo odiaré por su hostilidad. La entiendo. El peso que carga no es ligero. Y si su compasión se agotó… entonces permítame prestar la mía.— Una leve inclinación de cabeza, respetuosa. —No vine a juzgar su casa. Vine a ofrecer ayuda. En lo que necesite. Con sus tierras. Con su pueblo. Con sus hijos. —Sus ojos no vacilaron.
            
            —Puede ponerme a prueba si lo desea. El acero y la disciplina no me asustan. Pero tampoco permitiré que el odio me gobierne. —Y su voz, aunque suave, no tembló. —Si algún día necesita algo más que un príncipe… encontrará en mí a alguien dispuesto a quedarse. No a huir.
Reply