Makoto no nació con ese nombre. En el Laboratorio de Hawkins fue el Sujeto 014: un niño usado como un experimento al igual que otros pequeños, incluyendo a Eleven. No lo entrenaban para atacar, sino para percibir. Presencias. Intenciones. Amenazas invisibles. Aprendió demasiado pronto que el silencio era una forma de supervivencia.
Cuando Eleven escapó, el laboratorio se volvió inestable. Makoto no aprovechó en ese momento: esperó, observó, sintió. Hasta que una noche entendió que si no se iba, no tendría otra oportunidad. Y finalmente, escapó. Durante años vivió moviéndose, sin rumbo, evitando lugares donde “algo” vibraba mal.
Ya en su adolescencia, Makoto conoció a Alexei casi por accidente. No fue una huida ni un rescate. Fue curiosidad mutua. Makoto merodeaba cerca del Starcourt, específicamente infiltrandose en la base rusa, porque algo allí le hacía ruido. Su encuentro fue torpe, literalmente, pero Alexei desde ese día decidió proteger al pequeño de los demás rusos.
Entre escondites improvisados y charlas desordenadas, se volvieron cercanos. Alexei no lo miraba como un experimento, sino como un chico. Le compraba comida, le hablaba de su hogar, de cerezas, de cosas simples. Para Makoto, Alexei fue la primera persona adulta que no quiso usar lo que él era. Pero todo empeoró cuando la persona que cuidaba de él fue secuestrado.