Había una vez, en la noche más inquieta y fría de luna llena, una mujer dio a luz a una niña cuyo destino había sido marcado siglos antes de su nacimiento. Martina Andrea fue la primera del linaje originalmente Labonair en desafiar a la naturaleza, siendo la única híbrida de licántropa y bruja que alguien hubiese visto.
Su infancia fue un acertijo. Sus padres habitaban junto a un grupo de licántropos que parecían ajenos a sus propios linajes. Iban de ciudad en ciudad tratando de descubrir quiénes eran, aunque su verdad seguía siendo un misterio para Martina. Nunca comprendió por qué ciertas noches de cada mes terminaba oculta en alguna parte. Fue hasta los seis años, cuando perdió a sus padres y terminó siendo acogida por aquellas personas, cada vez menos, que la habían visto crecer. No fue hasta los quince años cuando todas sus dudas fueron resueltas; había intentado salvar a un pequeño animal de un hombre despreciable cuando el salvajismo salió de su control y terminó arrebatándole la vida, activando así su maldición licántropa.
Asustada por aquella realidad repentinamente clara ante sus ojos, huyó… Pocos años después, el destino la llevó hacia un hombre: Tom Riddle. A quien temió, pero sobre todo, deseó. Su oscuridad la tentó como un beso que promete dolor y placer al mismo tiempo. Fue la fascinación de dos enemigos y, a la vez, de dos amantes lo que los hizo perder la cordura. Él quiso poseerla y ella se dejó adorar. Sin embargo, nunca fueron capaces de permanecer juntos, pero tampoco de abandonarse por completo.
Pero las historias no son tan apacibles. Entre noches de caricias que quemaban la piel, surgió un embarazo. Fue entonces cuando Martina entendió que quedarse en aquel reino sería un caos, por lo que huyó embarazada, dispuesta a encontrar la libertad y su hogar ancestral para darle a su hijo el amor que ella había anhelado durante el resto de su niñez.