Ven aquí, que te doy todos los besos que quieras, amor. Literalmente siempre me quedo sin palabras por ti... haces que me congele totalmente, ¡y eso que no soy la reina Elsa! Te amo muchísimo más, y te lo voy a demostrar cada día de nuestras vidas, ¿sí que sí? ¿Me permites?
—La chica se paró de puntillas, besando la mejilla, casi los labios, del mayor, pasando suavemente su mano por su mejilla, dándole una caricia suave y tierna.—