Harry la miró en silencio, el peso de sus palabras cayendo sobre él como un relámpago. Sus ojos brillaron con algo que no era solo sorpresa, sino una mezcla de alivio y gratitud. La cercanía entre ambos se sentía aún más intensa, como si el aire mismo hubiera cambiado. —Dos años… —murmuró, con una ligera sonrisa en sus labios, como si la idea de que ella hubiera guardado esos sentimientos tanto tiempo lo dejara sin palabras por un momento. Luego, su rostro se suavizó y su voz se volvió más suave, cargada de sinceridad—. Yo también tuve miedo, Max. Pensé que si te lo decía, te asustarías… o que perdería lo que tenemos ahora. - Su mano se deslizaba lentamente por su cuello, como si la tocara con más ternura que nunca. —Pero si me hubieras dicho esto hace dos años… creo que habría hecho lo mismo, solo que de forma más estúpida —añadió,1 dejando escapar una risa suave, casi imperceptible—. Lo bueno es que, al final, ambos estábamos demasiado ciegos para darnos cuenta. - Se inclinó un poco más cerca, sus labios apenas a unos milímetros de los de ella.
—Lo que importa es que finalmente lo dijimos… y ahora no voy a dejar que nada nos detenga.