SoyAereaTargaryen
Déjalo sobre la mesa, Mina. Has sido más rápida de lo que esperaba, lo cual es una virtud escasa en este lugar lleno de gente lenta y perezosa. Puedes retirarte a tus deberes en el ala este. Si el contenido de este tomo es tan valioso como prometía el maestre, puede que vuelva a requerir tus servicios pronto.
SoyAstralTargaryen
Muchas gracias, Mina tienes razón Extraño mucho a mi hermano Matarys, a veces siento que este castillo es demasiado grande para mí sola pero pido que te escuchen los Siete, que vuelva pronto. Tienes razón, la noche se siente muy pesada Pero ¿te enteraste? un cuerpo apareció en los aposentos de mi padre, Mina. el Maestre de Llaves murió en el mueble de mi padre.
SoyAstralTargaryen
Astral se mantenía muy quieta, casi sin atreverse a respirar, mientras permanecía de pie sobre una pequeña tarima de madera. El roce del metal frío contra su piel le producía pequeños escalofríos, pero no tanto como el murmullo incesante de la criada.
—¿Prima Aelora? —preguntó Astral con un hilo de voz, ladeando la cabeza con una confusión genuina mientras observaba cómo Mina clavaba una de las agujas en el dobladillo del vestido. Sus grandes ojos violetas parpadearon con incredulidad— Peroella acaba de llegar. Debe estar agotada por el viaje ¿por qué no estaría descansando en los aposentos que le preparé con tanto cuidado?
La criada, bajando aún más la voz, le relató que ha visto a su prima en los aposentos de su padre, el príncipe Baelor. Astral arrugó el entrecejo, tratando de procesar la información.
—¿Qué qué hacía ahí? —susurró Astral, sintiendo una punzada de ansiedad—Es el estudio privado de papá hay mapas importantes, sellos de la mano del rey quizá solo se perdió buscando la biblioteca, Mina. El castillo es muy grande y confuso para alguien que viene de fuera.
—Eso eso no puede ser cierto, Mina es una broma pesada, tiene que serlo. Los primos se quieren, la familia se cuida —Tragó saliva con dificultad —Aelora ella no podría ser tan amarga. Pero gracias por decirme, Mina. Por favor, no se lo digas a nadie más. No quiero que mi padre se preocupe, él ya tiene demasiadas cargas sobre sus hombros. Yo yo trataré de hablar con ella, tal vez solo está de mal humor por el polvo del camino. Sí, debe ser eso.
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SoyAstralTargaryen
Qué horror Qué cosa tan espantosa Mi pobre padre no puedo dejar de pensar en él, entrando a su habitación y encontrando algo tan tan falto de vida. Los Siete nos protejan, Mina, siento que la oscuridad está intentando entrar al castillo y yo yo solo quiero esconderme hasta que el sol vuelva a salir.
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SoyAerionTargaryen
¿Quién te ha dado licencia para dirigirle la palabra a un príncipe? ¿Has olvidado cómo hacer tu trabajo en silencio? Fuera.
SoyAerionTargaryen
Apenas alzó la mirada para advertir quién lo interrumpía. El arco de su frente sepultando sus ojos bajo una sombra pesada y cargada de hastío. Se preguntó si la mujer pecaba de necia o de valiente. Al final daba lo mismo. Hablaba demasiado, y él no tenía apetito para el ruido inútil. “ No solo olvidas tu lugar, sino que hablas con demasiada ligereza de tu príncipe. Me pregunto qué debería cobrarme antes, tu lengua por la insolencia de molestarme, o tus ojos por el atrevimiento de mirar donde no deben. ” Se mantuvo estático, con el libro aún sobre el regazo, sin concederle siquiera el gesto de enderezar la espalda. Pues ofrecerle la mirada ya era una merced excesiva, que no erró tampoco en darle asco. Cómo se atrevía a mirarlo de vuelta. “ ¿Buscas envenenar mis oídos con tus palabras, chica? Tengo el paladar fino para tales artes, y una puta. sirvienta no muestra tal descaro a menos que oculte un propósito. ”
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SoyAeloraTargaryenn
Desde el Valle… —repitió con calma, como si pesara aquellas palabras antes de permitir que tomaran forma. Alzó la mano con un movimiento sereno, dos dedos apenas extendidos para que la sirvienta depositara la carta en su palma. Sus ojos se detuvieron un instante en el sello—. Entrégamela.
SoyAeloraTargaryenn
El sello del Valle descansaba intacto bajo la presión ligera de su pulgar, como si el lacre mismo estuviera esperando permiso para quebrarse. Pero las palabras de Mina habían llegado primero… y ahora ocupaban el aire de la habitación. Levantó los ojos hacia la muchacha. No había dureza en su expresión. Ni tampoco compasión. Solo una calma que parecía demasiado tranquila para lo que acababa de escuchar—. Qué diligente eres, Mina. —dijo al fin, con una suavidad que podría haber parecido elogio a oídos menos atentos—. No todas las sirvientas se arriesgarían a traerle a su princesa rumores nacidos en los pasillos. —sus dedos giraron lentamente la carta entre ellos—. Mucho menos rumores sobre su propia familia. —Aelora la observó con más detenimiento ahora. Como si la estuviera leyendo del mismo modo en que leería el pergamino—. Debería agradecer tu lealtad… supongo. —la frase quedó suspendida en el aire, incompleta, como si la palabra lealtad aún estuviera siendo examinada. Sus ojos descendieron un momento al suelo de piedra… luego volvieron a la muchacha—. Aunque me pregunto qué pesa más en tu corazón esta noche. —inclinó ligeramente la cabeza—. ¿La preocupación por mí… o el deseo de ser escuchada? —no había acusación. Ni reproche. Solo curiosidad. Sus dedos dejaron de moverse sobre el lacre. Por un instante, el silencio volvió a llenar la habitación. Entonces Aelora habló otra vez, con un tono casi distraído—. Lady Astral moviéndose entre sombras… tomando diarios… con los ojos sin luz. —sus labios se curvaron apenas, en algo que no alcanzaba a ser una sonrisa—. Es una historia interesante. Y las historias interesantes rara vez llegan solas. —sus dedos presionaron un poco más el sello de la carta, pero aun así no lo rompió. Porque algo, muy leve… casi imperceptible… había comenzado a inquietarla. No en las palabras. Sino en cómo habían sido dichas—. ¿Quieres hablar más de aquello, Mina? Debió ser una gran sorpresa para ti el verla en aquel estado.
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SoyAeloraTargaryenn
¿No hubo mensajes verbales?. —repitió con suavidad, casi como si la pregunta fuese para sí misma más que para la muchacha. La carta descansaba ya entre sus dedos, pero no la abrió de inmediato. Sus ojos, en cambio, se alzaron con calma hacia la sirvienta. La observó. Su mirada descendió un instante hacia las manos que Mina había ocultado con tanta prisa entre los pliegues del delantal. Aelora conocía bien ese gesto. Las manos eran siempre las primeras en delatar a alguien: el temblor, la prisa por retirarlas, la necesidad de esconderlas. Y los sirvientes de la corte habían aprendido a esconder muchas cosas. Por un momento, un recuerdo cruzó su mente con la claridad incómoda de algo demasiado reciente. El maestro de llaves de su tío Baelor. Su cuerpo frío en el suelo de piedra. La corte murmurando en pasillos oscuros mientras los rostros se llenaban de sorpresa fingida. Un asesinato en un lugar donde nadie veía nada. Los dedos de Aelora rozaron el sello de su madre, aún intacto—. Entiendo. —no había acusación en su voz. Tampoco absolución. Solo una calma demasiado medida—. Puedes retirarte, Mina. —pero sus ojos permanecieron sobre la joven un segundo más de lo necesario, como si aquella quietud en la esquina de la habitación no fuese simplemente obediencia… sino algo que Aelora todavía estaba intentando descifrar. Finalmente bajó la mirada hacia el sello del Valle. Y solo entonces comenzó a romper el lacre.
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