Ophelia Powell Hopper, hija de Jim Hopper y Penelope Powell, creció siendo una joven brillante y sarcástica que siempre se sintió demasiado grande para Hawkins. Aunque destacaba académicamente, su adolescencia estuvo marcada por una fuerte rebeldía: participaba en carreras callejeras, se escapaba a fiestas clandestinas y tenía fama de ser “la bully de los bullies”, interviniendo cuando alguien abusaba de otros.
Su talento natural como beisbolista y su puntería perfecta la llevaron a una beca deportiva que cambió su vida. Al mudarse a estudiar a New Orleans, Louisiana, la ciudad logró lo que Hawkins no pudo: equilibrarla. Allí dejó atrás su caos adolescente, se enfocó en su inteligencia, su disciplina y su música, tocando la guitarra para liberar todo lo que no decía en voz alta