SoyAlexanderBlack
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La rabia carcomía cada parte del estómago de Alexander mientras que sus dedos se quemaban, percibiendo el final del tabaco quemado y el inicio de uno nuevo. No sabía hace cuanto tiempo había estado en esa posición, ni cuanto le había dolido lo que vió en el hospital esa tarde. No era una persona insegura, y mayormente quién sentía aquellos sentimientos de posesividad, rabia y celos era Ossian, no él. Pero eso no explicaba como se sentía ahora mismo, estaba enojado, enrabiado, celoso. No dudaba de su novio, nunca lo haría, pero el suave toque que aquel compañero había puesto en Ozzie.. le hacía enojar nuevamente. Los cigarros no solían saber a dulce, pero estaban mas amargos de lo normal, casi ácidos como si representasen la forma en la que se sentía el azabache ahora mismo. Había salido temprano de sus prácticas muggles cuando decidió visitar a su novio en San Mungo, en mucho tiempo no había ido y con las responsabilidades de ambos, apenas se veían entre el día; siempre era muy temprano en la mañana o muy tarde en la noche, cuando observó la escena. Ossian permanecía quieto ojeando un par de documentos cuando un enfermero —no sabía quién era, si superior o inferior que Ossian en el trabajo. Tampoco le interesaba en lo mas mínimo— rodeó la suave cintura de Ozzie como si fuese dueño, como si ocupara el lugar que le pertenecía a él. Al cuerpo que encajaba de manera perfecta naturalmente con el suyo, como si fuera el. El propio Alexander. Y un gusto amargo se lleno en su boca, no iba a interrumpir nada. No le gustaban los escándalos, por mas doloroso que sea, siempre se retiró temprano y en silencio. Esperando que nadie lo viese, con vergüenza.
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Sus pulgares rozaron suavemente sus pómulos, trazando un gesto casi inconsciente, aprendido de tantas veces cuidando a otros, pero reservado sólo para él. —Nunca quise que te sintieras desplazado —continuó—Ni inseguro. Tú eres mi todo, Xander. Incluso cuando estoy rodeado de pacientes, hechizos y caos… siempre vuelvo a ti. — Se inclinó despacio, dándole tiempo de apartarse si lo deseaba, y besó sus labios con una ternura deliberada, sin prisa. Un beso que no buscaba apagar nada, sino afirmarlo todo.
Cuando se separó apenas, apoyó su frente contra la suya.—No hay nadie que me importe así —susurró el rubio. — Y si alguna vez olvido mirar alrededor… prométeme que me lo dirás. Pero no te vayas sin mí.
SoyOzziePomfrey
Ossian sostuvo su mirada cuando por fin se encontraron, como si al hacerlo pudiera anclar a Xander al presente. Reconoció en sus ojos algo que no le asustó, pero sí le dolió: la certeza de ser importante. De ser, quizá, demasiado importante. Y eso, pensó, era un peso extraño de llevar por alguien que amaba como él amaba: con luz, con torpeza honesta, con todo el corazón por delante. La tensión en su pecho cedió apenas. Sus labios se curvaron en una sonrisa pequeña, inevitable, esa que siempre aparecía cuando quería suavizar lo serio sin restarle verdad. —Bueno… —dijo, ladeando un poco la cabeza—. Si sirve de consuelo, significa que me amas más que a nadie. Felicidades, Alexander Black, oficialmente superaste al hospital, a la medicina mágica y a cualquier infección rara que pueda aparecer. —dijo Ozzie.
Intentó que sonara ligero, casi bromista, pero había cariño real en cada palabra. Se acercó del todo entonces, cerrando la distancia con naturalidad, como si siempre hubiese pertenecido ahí. Alzó ambas manos y acunó el rostro de Xander con cuidado, como si fuera algo frágil y precioso a la vez.—Perdón —añadió, esta vez más bajo—Perdón por no darme cuenta. Prometo no dejar que eso suceda otra vez.
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Mordió de manera suave el interior de su mejilla al escucharlo hablar. Ese tono suave, tranquilizante que lo había reconfortado tantas veces que se volvió una de las cosas que siempre anhelaba al tenerlo cerca; un consuelo que siempre estaba ahí, esperándolo con los brazos abiertos y una sonrisa maravillosa que formaba una sensación cercana al paraíso en el pecho del francés. No quería mirarlo, talvez para no demostrar que realmente una cosa tan ridícula le afectaba a una relación de tantos años, pero realmente le había dañado en donde nadie nunca lo hizo; en su autoestima y confianza. Nunca experimentó los celos ni la posesividad, si tenía un fuerte sentimiento por proteger a su pareja de todo. Ossian era su sol, la calidez de la mañana que hacía que Alexander quisiera permanecer en la cama, la risa que llenaba vacíos dentro suyo que no sabía que tenía. Su compañero, su amante, su persona. No debía desconfiar de el, no de quién se esmero en conocerlo y cuidarlo, pero dolía. Y mas cuando Ozzie se apoderaba de su cabeza, mirándolo con esos ojos de manera tan adictiva que se olvidaba de la verdadera adicción entre sus dedos.
Xander se perdió entre el camino de palabras del rubio para luego girar su rostro hacía la ciudad, rompió el cálido toque de la mano de Ossian antes de cruzar sus brazos y tomar otra calada.— Lo sé. Obviamente sabía que iba a haber una explicación, no desconfío de ti para nada. Eres mi novio despues de todo, mío. — El afirmó, mas para él que para el otro. Suspiró y sus hombros se aliviaron de una tensión que desconocía que tenía, sus ojos se encerraron y nuevamente esquivó el contacto visual. — No puedo dejar de pensar en eso, es la primera vez que me siento así. Nisiquiera con otra persona, dios, nadie había tenido este impacto en mi. — Sonó un poco preocupado, y apagó el cigarro que tenía entre sus dedos en el cenicero en la mesa del balcón. Y conectó su mirada, por primera vez en la noche, con los azules que lo miraba tan preocupado.