Sólo te estaba molestando… — no pudo evitar soltar una risita ante su reacción, empujándolo con su hombro —. Tranquilo. Aunque ahora tengo curiosidad, ¿por qué tantos nervios?
Mhm. Me agrada la idea, tanto de ser una cerebrito y el sentarme contigo, quizás así descubro cuál es tu secreto —asintió, parándose a su lado antes de empezar a caminar—.