—Su mirada sigue la de ella hacia la ventana, apenas un segundo. No parece especialmente interesado en el paisaje… pero tampoco lo ignora del todo—. Atardecer. —responde sin rodeos, como si fuera obvio. Se recuesta un poco en la silla, dejando los cubiertos sobre el plato con un sonido leve—. Hay menos ruido. —añade, simple, sin cargarlo de más. Su vista se mantiene un instante hacia afuera antes de volver a ella, breve—. Ya no hay tanto movimiento. —la frase cae igual de directa, sin intención de adornarla. Toma de nuevo los cubiertos, como si con eso diera el tema por cerrado… aunque antes de hacerlo agrega, casi por inercia—. El amanecer es peor. —no explica por qué. No lo necesita—.