¡Rhaegal! Hace apenas un instante te divisé a lo lejos y pensé para mis adentros: «he ahí la viva estampa de su padre». Aunque ahora, teniéndote tan cerca, me maravilla aún más cuán fiel es en ti su semblante y si he de ser sincera, hay en la estampa que tus ojos revelan, un brillo de mente sagaz que sólo pertenece a ti y a tu progenitora, un fuego heredado y único que nadie más posee. Pero dime, ¿qué se siente al ser hijo de la Tormenta que Ríe? Debe de ser empresa ardua cargar con tal nombre y, sin embargo, lo portas con una naturalidad que casi hace olvidar el peso que conlleva. No todos sabrían sostener semejante herencia sin que les doblegue los hombros, mas a ti no parece inclinarte, sino engrandecerte. Confieso que es curioso, porque uno espera hallar solo al padre reflejado y termina descubriendo una voz propia, quizá más interesante de lo que anticipaba. ¿Acaso heredaste también su brío o hay en ti tormentas nuevas que aún no nos has dejado contemplar? Admito que estoy ansiosa por conocer.