Su expresión se relajó cuando se sacudió por el codazo, ese gesto le arrebató una sonrisa y una sacudida suave, negando e intentando dar entender que no significaba nada. Un pensamiento tonto.
— No es nada. — Comentó, apartando la mirada mientras suspiraba. — Sólo que me imagino muchas cosas. Y no me gustaría vivir en el mismo lugar sin ti. No sé qué haría. Al final de todo, eres lo único que me queda, Sukuna. — Tomó una pequeña pausa, pasando una mano por todo su rostro. Sonriendo contra su propia palma. — ¡Ya sé que es tonto! Hemos vivido por siglos. Pero la simple idea... me asusta. La muerte no. Bueno, ya dije suficiente.