Drew había estado tan concentrado en controlar su respiración, que por un instante no se dió cuenta de que ella ya estaba ahí.
Fue el leve sonido de sus pasos, el movimiento de la luz reflejándose en algo blanco, lo que lo hizo alzar la mirada.
Y entonces la vio. Se quedó completamente quieto. El ramo de flores tembló apenas entre sus dedos cuando sus ojos recorrieron su silueta; el vestido claro, el brillo suave de las perlas, los mechones sueltos que enmarcaban su rostro, y ese collar que siempre llevaba.
Tragó saliva, claramente impactado, pero sonriendo como si no pudiera evitarlo.
──Estás increíble... No, eso es un eufemismo, estás preciosa... No, eso tampoco alcanza... ──Soltó una pequeña risa nerviosa, negando con la cabeza como si hubiera perdido la capacidad de hablar bien── Me rindo. Simplemente no hay palabra que sea digna de ti.
Sus ojos brillaron al notar el paquete en sus manos, y luego la carta; ese detalle tan suyo tan delicado, tan ella. Su expresión se suavizó todavía más, conmovido incluso antes de recibirlo. Pero entonces ella dejó todo y corrió hacia él. Drew reaccionó apenas un segundo tarde, abriendo los brazos justo a tiempo para atraparla con firmeza contra su pecho. El impacto suave del abrazo le robó el aire, pero también le llenó el corazón de una forma que casi dolía.
──Sí, yo hice todo. Con ayuda de internet, pero básicamente lo hice solo ──respondió con una risa que escapó de sus labios──, ¿Te gusta? Feliz San Valentín.