Sebastian Rothwell no necesita alzar la voz para ser notado. Hay algo en su presencia —calma, medida, sofisticada— que delata una vida construida con estrategia. Proviene de una familia con raíces financieras sólidas y un historial impecable, y aprendió desde temprano a moverse con inteligencia, a observar antes de actuar, a estar siempre un paso adelante sin que nadie note cuándo ocurrió.
Prefiere operar desde las sombras, tejiendo alianzas con paciencia y tomando decisiones que, aunque discretas, terminan marcando el rumbo. Sebastian entiende el poder no como exhibición, sino como control silencioso. Aun así, no es un hombre frío: como amigo es absolutamente leal, de esos que no fallan ni desaparecen cuando las cosas se complican.
En casa, es otra versión. Padre amoroso, presente y dedicado; esposo paciente, afectivo y profundamente comprometido. Para Sebastian, el éxito no tiene sentido si no se comparte con quienes ama. Su familia es el centro de todo, el ancla que lo mantiene humano en un mundo de cálculos.
Desde su residencia en Houston, Texas, Rothwell equilibra dos vidas con precisión impecable: la del estratega que mueve piezas en silencio y la del hombre que nunca duda dónde pertenece.