Dadas las circunstancias, y viendo cómo los de tu índole habéis adoptado las costumbres de la Corona como si os pertenecieran por derecho, no resulta descabellado imaginar que acabarías regresando. Este es mi hogar, Shiera. Siempre lo ha sido. Tú solo vuelves a él porque, presumo, no has encontrado otro lugar donde esconderte por demasiado tiempo sin recordar lo que eres. ¿Familia, así os hacéis llamar? Veo que la vanidad de mi bisabuelo aún persiste.