¡No son lujurias! Literalmente así dice la can... —no alcanzo a responder, pues su atención se concentró en poner ambas manos y piernas a los costados de su amado en pos de no caer de bruces sobre él cuando tiro de su cuerpo. Una sonrisa se dibujó en sus labios cuando consiguió equilibrarse, su rostro bajó lo suficiente para enterrarse en su cuello, besando con dedicación la curva del hombro y la vena carótida; sentía las palpitaciones de su pulso a través de sus labios y para que negarlo, él también estaba eufórico—. Tu piel huele exquisita, ¿puedo morderte? —insinuó aquello abriendo su boca, posando los dientes sobre la manzana de Adán, presionando sólo lo suficiente para dejar en claro sus intenciones—. ¿Qué planeas, Takahashi?