Dejó escapar un suspiro más profundo cuando sintió ese cambio, su cuerpo reaccionando con una sensibilidad casi exagerada a cada variación en el contacto. Sus dedos se enredaron primero en el cabello de Theodore, aferrándose ahí con una mezcla de necesidad y nerviosismo, como si ese punto fuera lo único firme en medio de todo lo que estaba sintiendo.
──Theo… —──su voz salió más baja, más cargada, casi temblorosa──.
Su respiración se quebraba por momentos, irregular, mientras su otra mano bajaba despacio por su espalda, recorriéndolo con más intención que antes, sintiendo cada línea de su cuerpo bajo sus dedos. Ya no había tanta duda en sus movimientos; eran torpes aún, sí, pero más decididos, como si estuviera aprendiendo rápido a responderle. Su pecho subía y bajaba con fuerza, y cada vez que Theodore se acercaba más, que lo buscaba así, Matthew reaccionaba instintivamente, inclinándose un poco más hacia él, cerrando la distancia que quedaba, como si su propio cuerpo no tolerara el espacio entre los dos. Un pequeño sonido se le escapó, involuntario, cuando sintió esa cercanía más marcada, sus manos apretándose un poco más sobre él, marcándolo sin intención consciente. Sus ojos permanecían cerrados la mayor parte del tiempo ahora, demasiado concentrado en todo lo que estaba pasando como para sostener otra cosa.
──Mmh… ──respiró contra él, desordenado──.
Sus dedos descendieron otra vez por su espalda, más lento esta vez, casi acariciando, como si quisiera memorizarlo también, como si necesitara devolverle aunque sea una parte de todo lo que lo estaba desarmando. Y aun así, en medio de esa intensidad, su forma de tocar seguía teniendo algo suave, algo cuidado… como si incluso perdiéndose, no quisiera romper nada de lo que estaban construyendo entre los dos.