Tiene mérito que hayas logrado llegar después que yo, hermano. Estás de suerte, nuestros padres aún no se dejan ver, o ya te habría caído el sermón de rigor por impuntual. ¿Qué pasó con tu nariz? ¿Te la estabas hurgando o recibiste un golpe? Me alegra que hayas llegado entero, te necesito así para encargarnos de toda la inmundicia que hay aquí. Bienvenido.