╏ ORIGEN DE TSUKIYOMI.
Con cada recipiente que sucumbía a su maldición, Fenrir se volvía más consciente de su incapacidad para existir libremente en el mundo humano. En su desesperación y soledad, creó una extensión de sí mismo: Tsukiyomi, una hija concebida no por amor, sino como una estrategia para asegurarse un legado que no dependiera de recipientes humanos.
Fenrir derramó una parte de su energía maldita en un ritual bajo la luna llena, dándole forma a una nueva maldición. Tsukiyomi nació como una entidad independiente, con una apariencia femenina adolescente, reflejo de los deseos subconscientes de Fenrir de interactuar con el mundo de los humanos sin depender de ellos.
Después de su creación, Tsukiyomi pasó años bajo la influencia de Fenrir, cumpliendo su voluntad como una extensión de su odio hacia los hechiceros y la humanidad. Sin embargo, con el tiempo, comenzó a cuestionar su propósito. ¿Era solo una herramienta para Fenrir o podía existir como algo más? Estas dudas llevaron a Tsukiyomi a separarse de su padre, huyendo del control de Fenrir y vagando por el mundo maldito.
En su viaje, Tsukiyomi se encontró con Laufey, el recipiente actual de Fenrir. Laufey, al darse cuenta de la presencia de Tsukiyomi, trató de destruirla, pensando que era una amenaza. Sin embargo, durante su enfrentamiento, Laufey se dio cuenta de que Tsukiyomi era diferente de Fenrir: no tenía el mismo odio ni la misma desesperación, sino una incertidumbre similar a la de los humanos.
Laufey decidió no eliminarla y, en su lugar, permitió que Tsukiyomi permaneciera cerca de ella. Aunque desconfiaba, Laufey vio en Tsukiyomi una oportunidad para aprender más sobre Fenrir y cómo enfrentarlo.