Tu labor jamás ha sido simple, Tueris. Incluso cuando parece tranquila, sé que tus manos sostienen más vidas de las que cualquier dios admitiría comprender. Y sí… —una sonrisa leve, casi orgullosa, suavizó su expresión—. Tampoco conozco el descanso. Ser diosa ya bastaba, pero ese pequeño decidió que también debía aprender a ser madre. Y, curiosamente, lo disfruto más de lo que debería. Amir tiene una forma particular de llenar cada rincón… incluso cuando decide “decorarlo” —el humor se deslizó en su voz con naturalidad—. Me alegra escuchar que Shani sigue siendo tan luminosa como la recuerdo. Estoy segura de que ella y Amir serían inseparables, dos criaturas que nacieron para encantarse mutuamente y, quizás, para desafiar a sus propias madres con esos planes suyos tan creativos. Pero dime, ¿cómo está ella? ¿Ha seguido con esa energía preciosa que pareciera no agotarse nunca? La tuya siempre fue una niña bendecida, y no por accidente. Tú haces que el mundo se sienta más seguro para ellos. Y eso, Tueris… incluso yo lo admiro.