Gojo soltó una pequeña risa nasal, ese sonido juguetón que siempre parecía esconder un secreto. Al ver cómo ella frenaba su mano y bajaba la mirada, se inclinó lo suficiente para invadir su espacio personal, rompiendo cualquier distancia de seguridad. Se acercó tanto que ella pudo sentir el calor que emanaba de él, y su respiración rozó la piel de su cuello, enviando un escalofrío inevitable por su columna. ╱ Vaya, qué afilada estás hoy. susurró cerca de su oído, manteniendo esa sonrisa ladeada que tanto lo caracterizaba. ╱ Tienes razón, podría estar en cualquier alcoba matando el aburrimiento, pero aquí me tienes. ¿No se te ocurrió pensar que, entre tantas trivialidades y damas, prefiero perder el tiempo viendo cómo intentas no tocarme? Además, ninguna de esas compañías tiene esa forma tan graciosa de suspirar cuando se rinde ante mí. Eso es mucho más entretenido que cualquier otra cosa, ¿no crees?