Utzon Kovács es afín a los métodos de sus padres, como cualquier Kovács que se precie debería serlo. No porque se sienta especialmente comprometido con el apellido, sino porque la violencia y el negocio siempre le parecieron algo natural. Creció rodeado de eso y nunca sintió la necesidad de cuestionarlo.
Siempre fue un chico irascible y extraño. No se esfuerza en seguir el legado familiar ni en estar a la altura de nadie, pero aun así termina haciéndolo, más por diversión que por deber. Se aburre con facilidad, y cuando eso pasa suele buscar estímulos donde siempre los ha habido: en el caos, el poder y la capacidad de hacer daño sin consecuencias.
A Utzon le gusta la violencia y le gusta el negocio de sus padres, no por estrategia ni por visión a largo plazo, sino porque le da margen para jugar y mandar. No es frío, al contrario: siente, se enfada, se entusiasma. Tiene una lengua afilada y una forma mordaz de tratar a los demás, disfruta provocando y midiendo hasta dónde puede empujar a la gente antes de que se rompa.
Es fiel a los suyos y protege a su familia cuando hace falta, pero eso no lo vuelve fiable ni fácil de tratar. Utzon es un cabrón incluso con los suyos. Un bala perdida con demasiado poder entre las manos, que hace las cosas porque puede, porque quiere y porque le divierte ver qué pasa después.