SoyAereaTargaryen
Me petrificó el puro tedio de tener que escuchar tus juicios de pasillo. Eres un sirviente con demasiado tiempo libre, al parecer, ya que te dedicas a contar el número de mis respiraciones. ¿Genuinamente no tienes nada mejor que hacer, valonqar? ¿Acaso tu vida es tan vacia que tu único propósito es acosar mis pasos? Bastante tuve ya con sufrir la ausencia de mi mellizo y la agotadora tarea de evitarte en mi tiempo en Summerhall, si finalmente me he dignado a salir de mis aposentos tras haber sido consumida por la ira y la tristeza, no ha sido para encontrarme con un cuervo.
SoyAereaTargaryen
Aerea experimentó un escalofrío de pura aversión que le recorrió la médula, una náusea física que nació en el instante en que los dedos de Vaelen osaron profanar la plata de su cabello. Para su estirpe, aquel gesto no era una simple imprudencia, era una invasión de lo más íntimo, un sacrilegio contra su linaje. Apartó la cabeza con un movimiento violento, un siseo escapando de sus labios antes de que su mente pudiera siquiera procesar el agravio. — No vuelvas a ponerme una mano encima, valonqar. —su voz emergió baja, vibrante —¿Quién te otorgó la venia para tocarme? Sabes bien que mi cabello no es para manos sucias e indignas. — se llevó la mano al mechón mancillado, alisándolo con una urgencia casi febril, un gesto obsesivo que pretendía arrancar el rastro del contrario de su propia existencia. — Summerhall me hastía con sus pretensiones de hogar, y King's Landing me sofoca con su vaho a estiércol. —hizo una pausa, dejando que un suspiro amargo, impregnado de una nostalgia dolorosa escapara de su pecho — Moraría mil veces más feliz de vuelta en Starfall, reclamando el legado de Madre entre los riscos, o incluso en Lys, donde el viento es libre. Cualquier confín del mundo es preferible a permanecer cautiva bajo tu escrutinio. —se irguió con una rigidez heráldica, recuperando su máscara de arrogancia, su único baluarte contra su sangre. Lo midió de arriba a abajo, viendo solo una mancha de herrumbre en un blasón que simplemente se negaba a desaparecer. —Solo puedo implorar a los Siete a que Padre se apresure en desposarte con alguna lady, que te sellen en un carruaje y te envíen a algún lugar remoto, dónde puedas así martirizar a tu pobre esposa. —sus ojos violetas se entrecerraron, fijos en la figura de su hermano, dudosa de la mención aparentemente contra su mellizo. —La sangre del dragón nunca es más fuerte que cuando se reconoce a sí misma, cuando el fuego se encuentra con el fuego. La presencia de Aerion nunca lograría agrietarme, no seas estúpido.
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