Cuando la familia se mudó a Corea del Sur, el cambio los afectó a todos, pero también los unió más. Adaptarse a un nuevo entorno, a un nuevo idioma y a una nueva forma de vivir hizo que su relación como hermanos se volviera aún más importante. Valeska no solo se adaptó rápido, sino que ayudó a mantener ese equilibrio entre ellos, asegurándose de que, a pesar de todo lo externo, su vínculo se mantuviera intacto.
Su conexión con el arte fue distinta a la de sus hermanos. Intentó el hielo, pero nunca fue su lugar. Había algo en la rigidez que no encajaba con ella. Fue la danza la que realmente le dio un espacio propio. No como disciplina estricta, sino como una forma de expresar lo que no decía. Su manera de moverse era fluida, natural, emocional. No seguía el ritmo, lo sentía. Y eso la hacía destacar sin esfuerzo.
Esa forma de expresarse fue lo que eventualmente la llevó al mundo del entretenimiento. No fue una decisión impulsiva ni completamente planeada; fue una consecuencia. Cuando audicionó para Mythraeum Entertainment, no era la más técnica ni la más estructurada, pero había algo en ella que capturaba la atención de inmediato: autenticidad. No parecía estar interpretando algo, parecía estar sintiéndolo.
Durante su etapa como trainee, no fue la más convencional, pero sí una de las más memorables. Aprendía rápido, trabajaba duro, pero siempre mantenía su esencia. No se limitaba a ejecutar lo que le enseñaban, lo hacía suyo. Y eso, aunque a veces la hacía difícil de encasillar, también la hacía imposible de reemplazar.