— Elowen lo mira mientras él habla, sus ojos verdes no se apartan de su rostro, ni siquiera cuando él aplasta una de sus flores con la bota, no se enoja, solo observa, como si él fuera un rompecabezas que aún no entiende del todo —Wynter —dice, probando el nombre en su lengua, igual que él hizo con el de ella— Es un nombre frío, te queda bien.
—Se sienta de nuevo en el suelo, cruzando las piernas con calma, sus manos vuelven a apoyarse en las rodillas, una de ellas alcanza otra flor gris, la desprende del suelo sin esfuerzo y la gira entre sus dedos —No estoy esperando que nadie me rescate —dice, y su voz sigue siendo suave, pero hay algo firme debajo— Si quisiera irme, me iría, pero mi cuerpo está allá, tibio pero roto, esperando que algo decida si vivo o muero del todo, así que me quedo aquí, si te soy honesta se que nadie de mi familia o cercanos me busca —se encoge de hombros— estoy bien aqui, no existe el dolor físico o emocional —Levanta la flor gris hacia la niebla, mirándola como si fuera la cosa más hermosa del mundo —Y sí, sé que no crecen no hace falta que me lo digas pero las hago igual porque hacerlas me recuerda que aún puedo crear algo, aunque sea feo, aunque no sirva, aunque tú las aplastes. No voy a apagar nada —dice, y por primera vez su tono se endurece un poco, solo un poco— Si el calor te molesta, te puedes ir, dijiste que hay miles de rincones en el limbo pero no voy a dejar de ser yo para que tú estés cómodo.
— Una pausa, el silencio se cuela entre ellos —Y si vuelves a pisar mis flores —agrega, y ahora hay una sonrisa en su voz, pequeña, traviesa—, voy a plantar una en tu bolsillo, a ver si te gusta más cuando la llevas puesta