—Viste, soy una masita. Bueno, dale, ahí voy y discutimos lo de las casas de HP y de Licha. —le mandó él.
Se vistió y salió cagando de su casa. Ya la chica le había mandado la dirección, pero él no iba a desaprovechar la oportunidad para ser un romántico e iba a ir a comprar cosas. Se subió a su auto y comenzó a buscar un kiosco abierto; por suerte consiguió y compró un par de chocolates, algunas gomitas, etcétera. Después fue directo a la heladería, bajó del auto, entró a comprar medio kilo para cada uno, pidió los gustos de la chica en uno y los gustos para él en otro.
Finalmente volvió al auto con todo y puso el GPS para que lo guíe a la casa de la chica. En el camino, había un chico vendiendo flores en el semáforo, por lo que aprovechó y le compró a la chica.
Al llegar a su casa, bajó con todo en las manos, le puso la alarma al auto y tocó la puerta, alejándose un poco después de tocar.