el castaño selecciona con una atención casi religiosa el tipo de pan que llevaría a casa, su mente ajena se encontraba divagando en sus memorias con la tía may y su experiencia tras el disparo. Le helaba la sangre pensar en eso, agitó la cabeza, para alejar aquellos pensamientos y concentrarse. Una señora se le había quedado mirando con extrañeza.
Mientras caminaba para disimular, una punzada familiar proveniente de el pecho que se expandió hasta las manos le hizo ponerse a la defensiva, algo extraño sucedía, era diferente, no era una amenaza, se sentía… calidez. Era como aquella vez, con los otros Peter.