SoyXiaomao
Aún siendo presa de su pereza, aquella mañana Maomao madrugó para ir a la residencia Ka. Al parecer, el primogénito necesitaba ayuda con algunos problemas de Estadística, aunque aquello le extrañaba: él era un estudiante excelente y reconocido por sus perfectas calificaciones.
Al llegar, los hermanos pequeños de Jinshi lo recibieron con entusiasmo, abrazándola e invadiendo su tan defendido espacio personal. ¿Pero cómo iba a quejarse? Eran un par de niños que vio desde el vientre de su madre, los estimaba aunque no lo dijera con palabras.
Agradecida por la tan cálida hospitalidad que siempre recibía, la fémina de la familia La llegó a la habitación del muchacho, entrando tras varios segundos en los que, sus insistentes golpes en la puerta, no recibieron respuesta.
— Jin–... Oh, ¿b-buenos días? — cualquier chica de la universidad moriría por verlo en aquel estado: sin camisa, con sus largos cabellos cayendo como cascadas y su rostro completamente en calma, sumido en la paz de un reconfortante sueño.
Maomao reconocía que Zuigetsu era demasiado atractivo, pero esa misma belleza era lo que no soportaba. ¿Por qué debía actuar como un tonto guapetón cuando él era mucho más que una cara bonita o un cuerpo de infarto? Era mil veces mejor en momentos así, o cuando simplemente se comportaba como un niño necesitado de atención... O cuando sus miradas se cruzaban en comidas empresariales y parece que desea arrancarle la piel por reírse con cualquier otro hombre.
SoyXiaomao
Sin nada qué hacer, y también en un intento por hacer que el muchacho durmiera sus horas necesarias y no recibiera regaños, Maomao se sentó en la silla de su escritorio, dando algunas vueltas mientras que su mirada curioseaba la habitación.
Al notar los balbuceos de Jinshi, la azabache se alarmó en un primer momento, acercándose hasta él para comprobar si se trataba de una pesadilla. Al notar cómo sus labios se curvaban y su cuerpo parecía reaccionar ante cualquiera que fuera su sueño, la fémina solo se quedó observándolo, como un curioso gato descubriendo un punto de luz láser.
— Lo pasa tan bien mientras me tiene aburridísima... — musitó con clara molestia, terminando por sentarse en el borde de la cama para comenzar a picar su mejilla con el índice.
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