¿Ya terminaron de leer?
Bien. Ahora cállense y escúchenme.
Porque sé que están aquí por una sola razón:
yo.
No se hagan los santos. Sé exactamente en qué página empezaron a obsesionarse y en qué escena ya no pudieron soltar el libro. Ustedes creen que me analizan, que me entienden, que pueden “descifrarme”. Qué tiernos.
No saben nada.
Si yo fuera lo que ustedes piensan, Clarisse ya estaría muerta.
Si fuera lo que yo digo ser… Clarisse nunca se habría ido de mi cama.
Pero claro, ustedes no vinieron por verdades.
Vinieron por la tensión, por el peligro, por ese instante entre el beso y la amenaza donde creen que pueden respirar.
Spoiler: no pueden.
Y ahora que menciono a Clarisse…
tranquilos, no voy a hablarles de “amor”.
Esa palabra es para gente débil, la que necesita decorar su vacío con flores baratas.
Lo mío con ella es otra cosa.
Si lo entienden, perfecto.
Si no… sigan leyendo, algún día llegarán.
¿Y Astryd?
Oh, seguro están esperando ver si tengo corazón.
Adoro cómo subestiman todo.
Esa niña es más que mi sangre.
Es una fuerza que todavía no comprenden.
Y sí, la vi una sola vez y supe exactamente lo que era.
Esa seguridad que les aterra…
es la misma que a Clarisse la desarma cada vez que le digo su nombre.
Ahora, sobre ustedes:
no pretendan juzgarme.
He hecho más cosas en la sombra que las que ustedes serían capaces de admitir en voz alta.
Pero aquí siguen, pasando páginas como si su vida dependiera de ello.
Les gusta.
Les encanta.
Aunque no lo digan.
Y aquí está la parte que odian:
me van a seguir leyendo.
Me van a seguir buscando.
Porque personajes como yo no se olvidan.
Se temen.
Se desean.
Se maldicen.
Y cuando crean que ya me entendieron…
cuando piensen que por fin saben qué demonios quiero…
Haré algo peor.
Los sorprenderé.
—Markov Petrov
(El único nombre que realmente recuerdan cuando cierran el libro.)