Me gusta leer y escribir.
No lo hago por pasión, no lo hago por necesidad, no lo hago solo por hacerlo, solo lo hago. No me gusta lo que escribió, pero me refleja realmente lo que soy, lo que siento, lo que sentí. No tengo horario ni nada que me límite hacerlo o no, pero se todos modos no lo hago, solo cuando tengo tantos sentimientos juntos. No lo hago por pasión, no tengo pasión, solo lo hago, y ya. No lo hago por necesidad, porque no habría porque tenerla. No lo hago por hacerlo, porque mis palabras dicen más de lo que puedo decir. Solo lo hago, solo repito lo que dice mi mente, lo que exigen mis sentimientos y lo que necesita mi corazón. Solo lo hago cuando no tengo palabras para decir, solo lo hago cuando la música llega a mis oídos, solo lo hago para no sobrepensar, solo lo hago por amor. Lo hago por amor, no amor hacia la literatura no escritura, lo hago por mi, por amarme a mi misma, por expresar, por no hablar, por no quedarme en mis pensamientos. Porque, en mi cabeza pasan muchas historias, pasan vidas, pasan delirios, pasan desgracias, pasan amores, pasan tristezas, pasan mis sentidos, pasa él, pasa ella, pasan las versiones falsas de ellos. Porque, en mi mente no hay límites, no lo pienso por pasión, no lo pienso por necesidad. Lo pienso por aburrimiento, porque nunca obtengo lo suficiente de lo real.
Y esa es la diferencia, lo que escribo lo hago realmente por aburrimiento, porque nunca tengo lo que quiero, en mis historias sí. Y aunque quisiera tener lo que pienso, no puedo, porque prefiero vivir pensando que sentir, prefiero pensar y no hablar, prefiero mi mundo de fantasía antes que el real, el cual tiene consecuencias, el cual todo son sentidos, prefiero sentimientos antes que sentir, prefiero morir antes que hablar.