No eran más que letras
mensajes mandados sin pensar,
pero sé que en tu silencio muestras
te debieron golpear.
Se volvieron dardos fríos,
hojas de un metal torpe,
y ahora reflexionando en remordimiento
estoy entre la niebla de mi sentimiento.
No quise construir muros
con el barro de mi orgullo,
pero la prisa es un verdugo
que no mide su herramienta.
Aquí estoy, con la ruina
de lo que pude lastimar,
recojo cada fragmento
de tu paz que yo no supe reafirmar.
El perdón no es un borrón,
lo sé,
sino un puente frágil y nuevo
que te cruzo con los pies descalzos,
para que veas
que no llevo armas,
solo esta verdad desnuda:
Erré.
Lo siento.
Estoy aquí y siempre estaré.