Por una vez, no escribiré un anuncio sobre una de mis historias (que, valga decir, pronto actualizaré), sino sobre mi vida, y todo el desastre que hay en ella.
Hace un año empecé a gustar locamente de alguien. Alguien que -en algún momento, quizá por un instante- me correspondió. Así me ilusioné, lo cuál es raro para alguien que se prometió no volver a confiar en nadie.
Luego las cosas simplemente... sucedieron. Sí, de una manera distinta a como la esperaba, haciendo que él se fuera por un camino diferente, y yo me quedara ahí:
Sentada en la misma banca dónde todo inició, con la estúpida idea de que, quizá, si esperaba lo sufienciente...
Él volvería a mí.
Ayer me enviaron una captura de pantalla de una historia suya. Allí aparecía él junto a otra chica, abrazándola con esos mismos brazos que en algún momento dejé que me abrazaran. Besando su mejilla con ternura, seguramente generando el mismo confort en el que me apoyé alguna vez.
Lo extraño de ello es que... no morí. No físicamente, obvio, sino sentimentalmente.
Siempre creí que así sería. Que, de volverse realidad aquella pesadilla, no sería capaz de respirar ni creer en nada por un largo tiempo.
No es así.
Dolió, sí, pero de la misma manera en que duele una herida que después sanará.
Ahora, si bien creo la pena puede venir en algún momento, ya no le temo como antes.
He entendido que a veces solo hay que Let It Happen, porque es obvio que eventualmente todo va a cambiar:
TU VIDA NUEVA TE COSTARÁ LA ANTERIOR.
Nos veremos en mis personajes,
Valeria.