Y solté tu mano, como tú me soltaste a mi.
Guardé mi amor lejos de tu codiciosa vista.
Abandoné malos hábitos, cuyas sombras en mi mente, me atormentan cada noche, cada día, cada hora, cada minuto...
Le negué a mis labios susurrar tu nombre. Pues todo lo tuyo estaba maldito.
Me mantuve a salvó, de mi propia adicción viciosa al dolor...
No puedo decir que no valga la pena, pasar tanta sed, tanta hambre, lejos de ti.