Él cree que puede acecharla como un cazador.
No comprende que la intriga puede transformarse fácilmente en obsesión.
Ella acepta su mirada sin devolverla,
como si ignorarlo fuera un arte aprendido demasiado pronto.
Él la observa convencido de que la paciencia le pertenece, de que todo lo que se le niega termina rindiéndose.
Ella lo mide.
Cada gesto.
Cada silencio.
Porque cuando un hombre poderoso cree tener el control, comete errores.
Él está seguro de que la poseerá.
Ella sabe que no será sin consecuencias.
Y entre ambos, el linaje no une…
pone a prueba.
Capítulo II — próximamente