Tengo esto muy abandonado, pero no me parece mala opción que este sea el último mensaje.
Se acerca la Navidad, esa época que tantas veces pasamos juntos. Me quedan pocos recuerdos y, por desgracia, cada vez serán menos. No ha sido nada fácil, para qué mentirte.
Para mí siempre fuiste tú, y ahora ya no estás. Tal vez por mi culpa, tal vez por la tuya, o quizá haya sido la mejor decisión que tomamos en tantos años. Al principio fue más complicado, no podía simplemente olvidar e irme como si nada. Ahora es distinto... un poco extraño.
Tus ojos azules siempre serán mi perdición. Nada cambiará lo que siento por ti, ni siquiera el tiempo. Pero ya no te echo tanto de menos... Tu ausencia ha sido muy notoria en mi vida. Ya no está el chico que me molestaba, el que me hacía reír tantas veces y llorar otras tantas. Y no estoy acostumbrada a este silencio.
Han pasado muchas cosas desde que no estás. Cuando he necesitado compañía, he recordado los momentos a tu lado. No los malos, aunque me hubiera gustado que de esos hubiera menos.
Muchas veces he pensado en volver, en buscar esos ojos que me dejaban hipnotizada como una estúpida. En buscar al capullo que me rompía el corazón y siempre conseguía recomponerlo. Pero no es tan fácil, ¿sabes? Es una decisión dura, pesada, porque no es sana.
No quiero volver a lo mismo de siempre. Y gracias a la decisión de no volver, entendí el motivo, y es que esto ha cambiado. Ya no será lo mismo, y eso es lo que más duele. Ya no somos nosotros y probablemente, nunca más lo seremos.
Ahora solo quedan los recuerdos, los mensajes, los sueños... Pero nunca podré odiarte. Siempre serás lo mejor que he tenido en la vida, aunque seas destructivo.
Esto es todo, o eso creo.
Feliz Navidad, Adri.
Posdata: Mentí. Te sigo echando de menos, pero trato de no hacerlo.