Quienes me siguen desde hace tiempo saben lo cambiante que puede ser mi estado emocional y cómo eso influye en mi escritura. Antes solía ser por falta de tiempo o estrés, pero nunca había vivido un bloqueo como este.
Todo comenzó con la búsqueda constante de trabajo. Muy pocas personas saben que, por decisión propia, dejé de lado la vida social de la universidad para enfocarme en mi desarrollo profesional. Fui esa estudiante que no iba a fiestas, hacía muchos cursos y trabajaba desde los primeros semestres, con la idea de que al salir de la carrera tendría más oportunidades.
La realidad fue distinta. Al egresar no me contrataron en ningún lugar, pasé varios meses desempleada y bajo mucha presión familiar. Intenté ejercer de manera independiente, pero no es fácil que confíen en una abogada joven trabajando desde casa. En un momento de desesperación envié currículums a áreas ajenas a mi carrera y así llegué a mi trabajo actual.
Aunque económicamente me ha ayudado, no me siento cómoda ni realizada. Me cuesta, me equivoco y, simplemente, no es algo que disfrute. Todo esto me ha generado una frustración distinta, un cansancio profundo que hoy también afecta mi salud y mi ánimo.
Les cuento esto porque siento que estoy perdiendo algo muy valioso para mí: la escritura. Quisiera terminar La Maestra Lan y compartir mis ideas, pero no puedo escribir sobre paz y esperanza cuando yo misma no las tengo.
Gracias por leer hasta aquí y por acompañarme. Cuando esté mejor, volveré para terminar lo que empecé.
Gracias y nos leemos después.