Hoy no quiero decir lo que se supone que se dice un 25 de diciembre, prefiero agradecerles desde el lugar más honesto que tengo: el de alguien que escribe a oscuras, que duda, que corrige mil veces una escena y aun así decide compartirla, y que del otro lado encuentra ojos atentos, silencios que leen y presencias que no hacen ruido pero sostienen; ustedes no son números ni cortesía, son la prueba de que una historia puede viajar sin rostro, sin nombre y sin promesas, y aun así quedarse, así que gracias por elegir leerme cuando podrían pasar de largo, por acompañar procesos que no siempre son prolijos ni fáciles, y por existir ahí, en ese punto exacto donde la escritura deja de ser un acto solitario y se vuelve algo vivo.