Amar a una persona significa aceptar la posibilidad del sufrimiento, porque solo quien se permite amar de verdad se expone a sentir intensamente, tanto la felicidad como la tristeza. Y aunque el dolor del amor puede ser profundo, también es prueba de que el corazón estuvo vivo, de que se sintió, de que se entregó sin reservas, y de que, incluso en medio del sufrimiento, amar sigue siendo una de las experiencias más auténticas que podemos vivir.