Yoich11isagi800

Mientras mantenía ese ritmo duro y frenético, Kaiser bajó una de sus manos para rodear el miembro de Isagi con un agarre firme y experto. Empezó a mover su mano bien fuerte y rápido, sincronizando cada movimiento con sus propias embestidas.
          	
          	Isagi echó la cabeza hacia atrás, con los ojos en blanco y la boca abierta en un grito silencioso. La combinación de la fricción interna y el movimiento salvaje que Kaiser le daba en su miembro era demasiado. Se sentía como si estuviera a punto de estallar en mil pedazos.
          	
          	—¡K-Kaiser... espera! —logró articular Isagi, pero el alemán solo respondió apretando más el agarre y acelerando el ritmo.
          	
          	—No te detengas ahora, Yoichi —le susurró Kaiser con una sonrisa depredadora, el sudor goteando de su frente sobre el pecho de Isagi—. ¡Siente cómo te domino!
          	
          	Kaiser no mostraba ni un gramo de piedad. Movía su mano con una velocidad violenta, provocando que Isagi soltara gemidos constantes que rebotaban en las paredes de metal. El placer era tan intenso que era casi doloroso, una sobrecarga sensorial que Isagi nunca había experimentado. Kaiser lo estaba llevando al borde del abismo, dándole con todo, sin dejarlo respirar, hasta que ambos llegaron al límite absoluto.
          	
          	El final de la batalla
          	Con una última embestida brutal y un movimiento final de su mano, Isagi colapsó, su cuerpo se tensó por completo mientras llegaba al orgasmo más fuerte de su vida. Kaiser lo siguió segundos después, gruñendo su nombre con una mezcla de triunfo y posesión absoluta.
          	
          	Se quedaron ahí, abrazados y jadeando, con los corazones latiendo al unísono como si hubieran corrido un maratón de 120 minutos. El vestuario, antes silencioso, ahora solo estaba lleno del sonido de sus respiraciones rotas.

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Mientras mantenía ese ritmo duro y frenético, Kaiser bajó una de sus manos para rodear el miembro de Isagi con un agarre firme y experto. Empezó a mover su mano bien fuerte y rápido, sincronizando cada movimiento con sus propias embestidas.
          
          Isagi echó la cabeza hacia atrás, con los ojos en blanco y la boca abierta en un grito silencioso. La combinación de la fricción interna y el movimiento salvaje que Kaiser le daba en su miembro era demasiado. Se sentía como si estuviera a punto de estallar en mil pedazos.
          
          —¡K-Kaiser... espera! —logró articular Isagi, pero el alemán solo respondió apretando más el agarre y acelerando el ritmo.
          
          —No te detengas ahora, Yoichi —le susurró Kaiser con una sonrisa depredadora, el sudor goteando de su frente sobre el pecho de Isagi—. ¡Siente cómo te domino!
          
          Kaiser no mostraba ni un gramo de piedad. Movía su mano con una velocidad violenta, provocando que Isagi soltara gemidos constantes que rebotaban en las paredes de metal. El placer era tan intenso que era casi doloroso, una sobrecarga sensorial que Isagi nunca había experimentado. Kaiser lo estaba llevando al borde del abismo, dándole con todo, sin dejarlo respirar, hasta que ambos llegaron al límite absoluto.
          
          El final de la batalla
          Con una última embestida brutal y un movimiento final de su mano, Isagi colapsó, su cuerpo se tensó por completo mientras llegaba al orgasmo más fuerte de su vida. Kaiser lo siguió segundos después, gruñendo su nombre con una mezcla de triunfo y posesión absoluta.
          
          Se quedaron ahí, abrazados y jadeando, con los corazones latiendo al unísono como si hubieran corrido un maratón de 120 minutos. El vestuario, antes silencioso, ahora solo estaba lleno del sonido de sus respiraciones rotas.

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Kaiser no era alguien que fuera lento. Él quería conquistar, quería marcar y quería sentir cada fibra de Isagi reaccionando ante él. Sin más preámbulos, lo posicionó sobre el banco de madera y comenzó el acto con una intensidad arrolladora.
          
          Fue duro y rápido, tal como Kaiser jugaba en el campo. Cada embestida era un reclamo de territorio. Isagi apretaba los dientes, agarrándose de los hombros de Kaiser mientras su cabeza golpeaba rítmicamente contra los casilleros metálicos, creando un eco de golpes y jadeos en la habitación vacía.
          
          —¡Mírame, Isagi! —le ordenó Kaiser, aumentando la velocidad—. ¡Dime de quién eres!
          
          Isagi no podía pensar, su cerebro estaba frito por el placer y el ritmo frenético que Kaiser le imponía. Se sentía como si un rayo lo atravesara una y otra vez. Sus cuerpos chocaban con fuerza, sudorosos y calientes, en una danza de puro instinto. Kaiser no mostraba piedad, moviéndose con una potencia que dejó a Isagi sin aliento, llevándolo al límite absoluto mientras el sonido de sus cuerpos encontrándose llenaba el vestuario.
          
          En ese momento, Isagi comprendió que ya no había vuelta atrás: Kaiser lo había devorado por completo.

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Isagi entró en pánico, intentando separarse, pero Kaiser lo inmovilizó contra el banco con una fuerza sorprendente, cubriendo su boca con una mano mientras con la otra se arreglaba el cabello.
          
          —¡No entres, Noa! —gritó Kaiser con una arrogancia forzada, aunque su respiración seguía agitada—. Estamos ocupados discutiendo una "estrategia de juego" muy privada. No nos molestes.
          
          Hubo un silencio sepulcral del otro lado. Noa, que conocía perfectamente lo egocéntrico que era su delantero estrella y que no tenía energía para lidiar con sus dramas, simplemente suspiró.
          
          —No lleguen tarde. Al resto no nos importa lo que hagan —dijo Noa con total indiferencia, dándose la vuelta para irse con los demás. Le dio "valió verga" lo que pasaba ahí dentro; su único interés era el rendimiento en la cancha.
          
          Sin frenos
          En cuanto los pasos de Noa se alejaron, Kaiser soltó una carcajada oscura y volvió su mirada hacia Isagi, quien estaba rojo de la vergüenza y la excitación.
          
          —¿Escuchaste eso, Yoichi? Tenemos el lugar para nosotros —Kaiser no perdió ni un segundo más.
          
          Con movimientos expertos y dominantes, Kaiser comenzó a deshacerse del uniforme de Isagi. Sus manos recorrían la piel del japonés con una urgencia que no permitía objeciones. Cuando Isagi quedó expuesto, Kaiser lo devoró con la mirada, pasando su lengua por sus labios antes de lanzarse de nuevo a besarlo, esta vez bajando hacia su cuello y clavículas.
          
          —Te ves... exquisito —gruñó Kaiser, despojándose de su propia ropa con una elegancia salvaje.

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Finalmente, después de lo que parecieron horas de puro fuego, Kaiser se separó lo justo para que ambos pudieran inhalar el aire frío del vestuario. El hilo de saliva que los unía por un segundo fue el testimonio de la intensidad del encuentro.
          
          Kaiser mantenía sus manos firmes en la mandíbula de Isagi, obligándolo a mirarlo directamente a los ojos. El "Emperador" estaba despeinado, con la mirada oscurecida por el deseo y una expresión que Isagi nunca le había visto: una vulnerabilidad salvaje.
          
          —Mírate, Yoichi... —dijo Kaiser con la voz completamente rota y ronca—. Estás ardiendo por mí.
          
          Isagi intentó recuperar el aliento, con los labios hinchados y el pecho subiendo y bajando con violencia. Kaiser se acercó a su oído y le susurró con una sinceridad que hizo que a Isagi se le erizara la piel:
          
          —He tenido el mundo a mis pies, he ganado trofeos y he humillado a los mejores... pero esto... besar esta boca de genio mientras te quiebras es lo más excitante que he hecho en toda mi vida.
          
          Isagi no pudo responder con palabras, pero la forma en que sus ojos brillaron y cómo buscó de nuevo el cuello de Kaiser fue respuesta suficiente. El juego de Blue Lock ya no se trataba solo de goles

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Kaiser, al sentir la respuesta de Isagi, soltó un gruñido de satisfacción que vibró directamente en la boca del japonés. No se detuvo. Volvió a la carga con una intensidad renovada, sus lenguas se encontraron una y otra vez en un baile desesperado y húmedo. Isagi ya no luchaba por el control; se estaba dejando arrastrar por la corriente.
          
          Cada vez que Kaiser exploraba más a fondo, Isagi soltaba un pequeño gemido ahogado contra sus labios. El sabor de Kaiser, una mezcla de menta y adrenalina, se volvió adictivo en cuestión de segundos. Isagi apretó los muslos y arqueó la espalda, sintiendo cómo el calor subía por su cuerpo, dándose cuenta de que, por mucho que lo odiara, le gustaba. Le encantaba la forma en que Kaiser lo reclamaba, como si fuera la pieza más valiosa de su tablero.

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Kaiser estrelló sus labios contra los de Isagi con una fuerza posesiva. Isagi soltó un jadeo de sorpresa, un sonido que Kaiser aprovechó para profundizar el beso de inmediato.
          
          Fue un beso hambriento, cargado de la rivalidad tóxica y la tensión sexual que llevaban meses acumulando. La lengua de Kaiser entró con autoridad, recorriendo el paladar de Isagi y buscando la suya con una urgencia que quemaba. Isagi, que en un principio intentó empujarlo, terminó sujetando con fuerza la camiseta de entrenamiento de Kaiser, atrayéndolo más hacia él.
          
          El mundo exterior desapareció. Solo existía el sabor metálico del esfuerzo, el calor de sus cuerpos y el ritmo frenético de sus lenguas entrelazándose en una lucha por el control que ninguno quería ganar realmente.
          
          Kaiser se separó apenas unos milímetros, jadeando, con los labios enrojecidos y una sonrisa de absoluta victoria.
          
          —Eso es... —murmuró Kaiser contra la boca de Isagi—. Esa es la cara que quiero ver cuando te destruya, Yoichi.
          
          Isagi, con la mirada nublada y la respiración rota, solo pudo responder apretando los dientes, aunque no apartó la vista de la de su rival. La guerra entre ellos acababa de volverse mucho más complicada.

jonii019

 ATENCIÓN, AMANTES DEL DRAMA, LA ESTRATEGIA Y EL CAOS 
          
          Se abre el telón de una nueva función… y no todos saldrán ilesos.
          
           “Isla Cero 4: El circo de los payasos” ya está en marcha y promete ser la temporada más intensa, impredecible y psicológica hasta ahora. Un circo abandonado, veinte jugadores aislados del mundo, desafíos extremos y una sola regla clara: sobrevivir al juego… y a los demás.
          
          ️ 
          
          Marc y Valentino toman el control del espectáculo, mientras Evelyn diseña pruebas que empujan a los jugadores al límite físico y mental. 
          
          ✨ Si te gustan los realities de supervivencia, los personajes complejos, el drama bien construido y la sensación constante de que todo puede explotar en cualquier momento, este libro es para vos.
          
           Leé “Isla Cero 4: El circo de los payasos” en Wattpad
          Comentá, votá y sumate al show… porque una vez que entrás al circo, ya no hay salida fácil. 
          
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