Cuando mis días eran grises por una oscuridad lujuriosa y mal intencionada, aquella luz pura y celestial alumbro mi camino, marco mis pasos para no tropezar llevándome a lugares inimaginables y hermosos como su espíritu, dejándome serenidad y paz, apoyándome y comprendiéndome pero.... Ninguno de los dos estaba seguro de que... No volvería riendo ya sanada hacia aquella negrura cuando quisiera volver, es triste cuando el alma es indecisa y no aprovecha aquel cariño y celestial apoyo dado por su luz, porque siempre querrá ser consolado por aquel ser que una vez le hizo daño.