Mis amados lectores,
He estado ausente todos estos días y siento que les debía una explicación. Soy de Colombia y el departamento donde vivo estuvo en alerta roja por las constantes lluvias. Hemos atravesado una situación muy difícil: inundaciones que han mantenido a muchas familias en angustia permanente.
Gracias a Dios, la zona residencial donde vivo con mi familia no fue afectada directamente, pero ha sido profundamente doloroso ver a tantos conocidos, incluso compañeros de trabajo, llorando porque lo perdieron todo. El agua cubrió sus viviendas, arrasó con cultivos, ahogó ganado… literalmente borró años de esfuerzo en cuestión de horas.
Esta situación me ha tenido estresada, agobiada y con una incertidumbre que me pesa en el pecho. Aunque las lluvias continúan ahora de forma más moderada, el temor sigue ahí. Confieso que me he sentido bloqueada, incapaz de concentrarme. Intento retomar el hilo de la historia, pero mi mente se dispersa con facilidad; la preocupación y el impacto emocional han sido más fuertes de lo que imaginé.
Solo quiero que sepan que la historia continúa. No la he abandonado, ni a ustedes tampoco. Les pido un poco de paciencia mientras logro reencontrarme con la calma y con las palabras.
Les envío un abrazo enorme desde la distancia, lleno de gratitud por estar siempre ahí.