Hoy pongo el punto final a una historia que empezó siendo apenas una idea y que terminó convirtiéndose en un viaje lleno de música, amor y crecimiento.
Celia y Mark me han acompañado durante meses, y con ellos también vosotros: en cada capítulo, en cada silencio, en cada sinfonía por escribir.
Han reído, han sufrido, han crecido… y ahora me toca despedirlos con el corazón lleno. No es un adiós triste, sino la certeza de que su historia encontró un cierre luminoso, de esos que se quedan vibrando mucho después de bajar el telón.
Gracias por acompañarme en este camino, por cada comentario, cada lectura y cada emoción compartida. Esta trilogía es también vuestra.
La música sigue sonando.