Antes de ser una estética global, fue una forma de desaparecer. Porque en una sociedad uniformada, desaparecer significaba: Por primera vez, elegir quien ser.
Aquello no nació como moda, nació como un espacio seguro. Los jóvenes vivían en una presión constante, académica, familiar, social. Y vestirse de esa forma era una forma de romper con la identidad impuesta. No buscaban crear revuelo o llamar la atención, buscaban su propio lenguaje que el sistema no pudiera leer.
Pero en su origen, no eran estilos, eran respuestas emocionales. No hablaban de ternura, si no de control del propio cuerpo en una sociedad que lo regulaba todo.
Aún así, Harajuku demostró algo fundamental para la moda contemporánea: que el estilo, no siempre nace del deseo de ser visto, si no, del deseo de ser uno mio cuando no hay otro espacio para serlo.
Y quizá por eso sigue fascinando, porque en el fondo no hablamos de ropa, hablamos de identidad, de refugio, de libertad personal.
-"Teikō Suru".