Estos días me ha costado escribir a Cristian, porque estoy poniendo, textualmente en su voz, discursos que he escuchado, visto y vivido en carne propia. Cristian representa al conjunto de voces que he conocido y, para mí, es una personificación de la institución a la que asistí.
No es el mejor halago, y da el mensaje de que no me siento orgullosa de donde vengo, porque es cierto.
Diseñar a Cristian ha sido diseccionar la manipulación que se disfraza de "orden", "estabilidad" y "futuro". Es la seguridad que te ofrece un título a cambio de tus mejores horas de vida, y de ese normalismo que te dice que, sin un registro oficial, no eres nadie.
Escribirlo duele porque es reconocer que no es ficción del todo. Ojalá fuera parte de un villano de cuentos de hadas, pero es mentira. Es un personaje que se construyó con partes humanas, y eso duele aún más, al igual que otros personajes, que repito, no representan a la persona en sí, pero sus ideas existen dentro de la historia con la intención de que cualquiera que lea y encuentre similitud con su realidad, actúe rápido y no lo deje pasar.